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17.5.06
[semanasanta]Conferencia: La música procesional en Linares (Jose Ángel Palacios)
Te la vuelvo a enviar pero pegada aquí:
EN TORNO A LA SEMANA SANTA: LA MUSICA PROCESIONAL EN LINARES
1. Orígenes de la música procesional en Linares.
2. Aparición de la marcha procesional en el S. XIX y su evolución en la
primera mitad del S. XX.: Los Maestros Alfredo Martos Gómez y Tomás Villajos
Soler.
3. La música de Cristo: Influencias sevillanas en la Semana Santa de
Linares.
4. Las bandas de Cabecera.
A modo introductorio.
Hablar de la música procesional en Linares es hablar de la música que ha
rodeado al fenómeno de las procesiones, especialmente de semana santa, en
Andalucía.
Lejos del abusivo chovinismo que suele ser común a la hora de afrontar el
estudio de tradiciones locales, en nuestra ciudad se desarrollarán estas
manifestaciones de igual manera que en otras poblaciones, sin apreciarse
grandes diferencias, exceptuando, si acaso, algunos medievalismos aun
conservados y ciertas peculiaridades evolutivas de algunas formaciones
musicales; por este motivo, y dado que a duras penas hemos podido encontrar
tanto información como registros sonoros específicamente de Linares, hemos
recurrido a una breve aproximación general y sus consecuencias en nuestra
semana santa.
De esta manera, dividiremos el tema que nos ocupa en cuatro bloques
fundamentales; los orígenes de la música procesional, la aparición de la
marcha procesional en el S. XIX y su evolución en la primera mitad del XX,
el fenómeno de las bandas denominadas de Cristo y las bandas de cabecera,
como los elementos más identificables de la música de semana santa en
Linares.
1. Orígenes de la música procesional en Linares.
Respecto a los orígenes de la música procesional, a partir de la segunda
mitad del S. XVI, las solemnidades religiosas cobran un auge hasta entonces
inusitado; en los dominios de la corona española y particularmente en
Andalucía, las procesiones se convierten en clave fundamental de la liturgia
católica y muchas de las celebraciones, que hasta la fecha se habían
desarrollado en el interior de los claustros conventuales y las naves
catedralicias, también saldrán fuera de los templos con gran fastuosidad,
sacándose a la calle las imágenes y reliquias de devoción popular y
organizándose grandes fiestas en honor al sacramento eucarístico y los
diferentes dogmas de Fe, adecuándose así, a los fines propagandísticos que
el concilio de Trento acababa de promulgar para combatir la amenaza del
protestantismo. Dentro de estas fórmulas, la música será, a partir de
entonces y en adelante, parte fundamental, no pudiendo olvidarse que, ya de
por sí, la iglesia católica mantenía una importante tradición al respecto.
Las procesiones intra-muros, eran precedidas de pequeños coros, bien de
clérigos o bien de las capillas musicales que existieron en algunos templos,
como el de Santa María la Mayor de nuestra ciudad, que anunciaban a la
comitiva interpretando salmos o, como en el caso del "Stabat Mater", piezas
más especificas de las festividades que se celebraban. Estos
acompañamientos, en ocasiones contaron con una pequeña plantilla
instrumental, generalmente compuesta por instrumentos de viento madera a
tres voces. Estos tríos, generalmente de dos oboes y un fagot, los componían
los ministriles que formaban lo que por entonces se conocía con el nombre de
"Capilla Musical", los cuales, eran los encargados de interpretar la música
en los oficios litúrgicos y en las procesiones de las fiestas solemnes.
Durante los siglos siguientes al XVI, este uso, que se define como música
de capilla y terminará por convertirse en un género exclusivamente
instrumental, también tendrá participación en el fenómeno procesional
extra-muros de los templos, llegando hasta nuestros días formando parte de
algunos cortejos penitenciales. Pero estas manifestaciones religiosas
tendrán ahora un marcado carácter popular, por lo que se verán enriquecidas
por cantos piadosos tradicionales y, sobre todo en las manifestaciones de
semana santa, por instrumentos, que herederos de costumbres medievales, se
hacían sonar con carácter simbólico dentro de una visión apocalíptica de la
religión; Carracas para aludir a la penitencia, de claro origen en los autos
de fe celebrados por la inquisición, tambores destemplados que aludían al
terremoto que sacudió Jerusalén tras la muerte del Redentor, y grandes
bocinas en recuerdo, de las que supuestamente, hicieron sonar el populacho
para burlarse de Cristo en su camino al Calvario.
En Linares, de la mano de las órdenes franciscana y dominica, pronto se
pondrán en práctica los nuevos principios tridentinos con la aparición de
hermandades de penitencia como la Vera Cruz en 1558, la Quinta Angustia en
1586 y la Cruz de Santa Elena en 1601, que comenzarán a realizar procesiones
por las principales calles de la villa; de aquellas épocas, aun conservamos
vestigios, concretamente, los tambores que se percuten en la cofradía del
Santo Entierro, cuyo ritmo, según la tradición oral, responde a la frase
"SAN-TO SE-PUL-CRO", y las bocinas o trompetas que, aunque originarias de la
hermandad del Nazareno, se tocan en varios cortejos penitenciales, a saber,
las Cofradías de la Santa Cena, la del Rescate, la del referido Nazareno, la
Expiración y, aunque en la actualidad ya no lo hacen, las de la Humildad, el
Prendimiento y la Oración del Huerto. Estos "tercios de trompeteros",
interpretan tres toques diferentes denominados "Media", "Entera" y
"Floreada", cumpliendo la función de heraldos que anuncian el paso de la
comitiva penitencial. Los instrumentos utilizados son trompetas muy
similares a las usadas en la música renacentista y barroca, si bien su
sonido y tesitura de ejecución es grave, equiparable a la de un trombón.
Respecto al uso de la música de capilla, aunque parece evidente, no
podemos mas que suponer su existencia en el pasado pues, hasta la
reorganización de la hermandad de la Vera Cruz en 1987 que ha usado esta
manera musical algunos años y, recientemente, la Agrupación de Hermandades y
Cofradías que lo ha incluido en el Vía Crucis que celebra el Viernes de
Dolores, no hay constancia de su empleo, no existiendo tampoco obra
compuesta específicamente para nuestras cofradías, pese a ser un género al
que han recurrido habitualmente los compositores a lo largo de la historia.
Hasta el S. XIX, poco o nada cambiará al respecto de lo que nos atañe. Tan
solo mencionar un caso documentado pero que ha quedado en el olvido;
"Coplillas del Calvario", escritas por Pablo de Olavide en el S. XVIII
supuestamente para la hermandad del Nazareno de Linares, las cuales, eran
cantadas durante el transcurso de la procesión que esta cofradía realiza en
la madrugada del Viernes Santo. De estas solo se conserva el texto, si bien,
curiosamente, hemos podido encontrar un registro sonoro de la población de
Villar de Cañas, lo que nos hace dudar de la dedicatoria a la hermandad
nazarena de Linares. La noticia de este descubrimiento, que aquí damos como
primicia, debe, no obstante, tomarse con cautela, pues la melodía de estas
coplillas puede haberse transformado con el paso del tiempo al no existir un
registro documental del original.
Audiciones para el capítulo 1.Y Tambores del Santo EntierroY Trompeteros del
NazarenoY "Coplillas del Calvario". Pablo de Olavide.Y "Saetas del
Silencio". Anónimo del S. XVIII
2. Aparición de la marcha procesional en el S. XIX y su evolución en la
primera mitad del S. XX: Los Maestros Alfredo Martos Gómez y Tomás Villajos
Soler.
Durante el S. XIX, se darán una serie de circunstancias que motivarán la
aparición de la música procesional propiamente dicha.
El romanticismo decimonónico y los regionalismos de principios del S. XX,
se interesarán por las costumbres populares; esto se debe a una ruptura con
los fríos academicismos de la época ilustrada, exaltando lo sensual frente a
lo racional, y, por este motivo, un acercamiento a aquellas manifestaciones
originarias de épocas pretéritas y atesoradas en las tradiciones locales.
En la música, cobrarán protagonismo muchos instrumentos de origen
tradicional que rara vez habían sido contemplados por los ámbitos
académicos. También se delimitarán los conjuntos instrumentales de antaño
como las orquestas y se crearán otros nuevos como las bandas de plantilla
completa, también llamadas bandas de música. Muchas de estas formaciones,
evolucionarán de las antiguas "bandas de guerra" de las distintas unidades y
regimientos militares, cuya instrumentación primitiva, formada esencialmente
por pífanos, a principios del S. XIX de suplantarán por cornetas o clarines,
creándose las bandas de cornetas y tambores y las bandas montadas de
clarines y timbales, como la de los húsares de la Princesa que, en 1930 y
1931 visitarán nuestra ciudad para acompañar a la hermandad de la Santa
Cena. Estas formaciones interpretarán los toques reglamentarios denominados
"puntos de marcha" definiéndose así, un característico sonido de fanfarrias
que habrá de tenerse en cuenta en el futuro.
Algunas de estas bandas militares, junto con otras de carácter civil creadas
al amparo de ayuntamientos o de iniciativas privadas, conseguirán, durante
este siglo, plantillas instrumentales que, aunque algo limitadas todavía,
les facilitarán los suficientes recursos para interpretar repertorios más
amplios y ricos, cobrando forma definitiva muchos de los géneros propios de
estas formaciones como el pasodoble, el pasacalles y la marcha, pieza
musical de rítmica originaria en aquellos "puntos de marcha", destinada a
indicar el paso reglamentario de las tropas, o de los cortejos civiles en
ciertas solemnidades.
Los compositores que, hasta entonces, desarrollaban su creatividad dentro de
los grandes programas institucionales, ahora, aunque seguirán manteniendo en
mayor medida este compromiso, también escribirán páginas inspiradas en la
música popular. Así mismo, muchos de ellos ejercerán su labor en aquellas
bandas de plantilla completa, al ser militares o funcionarios del cuerpo de
directores de música. Esta circunstancia provocará que, dentro de la obra
compuesta para estas formaciones, nazca el género de la marcha procesional
frente a las manifestaciones, más o menos relevantes, de otras épocas, pero
que poco tienen que ver con la música procesional propiamente dicha.
A este respecto, hay que hacer constar que el patrocinio de muchas de las
devociones populares, al que se han venido acogiendo el ejército desde
tiempos inmemoriales, ha implicado una especial unión entre este y algunas
hermandades, siendo habitual la presencia de bandas militares en las
procesiones, aunque en Linares, si bien ha sido igualmente usual la
presencia de estos cuerpos o sus influencias, este vínculo, no se ha dado al
no existir acuartelamientos en nuestra ciudad.
Un tercer aspecto significativo de este período, será la aparición de un
nuevo concepto de acompañamiento musical en las procesiones; las bandas irán
tras los pasos y no delante de la comitiva, nos referimos con esto, a que la
música no cumplirá, a partir de ahora, una función de anuncio de paso del
cortejo como lo había venido haciendo, sino de acompañamiento a las andas a
las que sigue. Suponemos que, al igual que en los cortejos fúnebres se
acompañaba al féretro con música, homenajeando de esta forma al difunto, por
similitud, se adopta este protocolo dado el carácter igualmente luctuoso de
las celebraciones de semana santa.
Por este motivo, se interpretaran adaptaciones de piezas de carácter
fúnebre de orígenes diversos y no necesariamente relacionados con la música
religiosa; "la marcha fúnebre" de Chopin, el aria "Ione" de Petrella, "el
Ocaso de los Dioses" de Wagner o "la Muerte de Ase" de la ópera "Peer Gynt"
de Edvard Grieg serán buenos ejemplos. Pero a finales de la centuria
decimonónica, se compondrán las primeras marchas dedicadas a imágenes
procesionales, aunque de suyo, se sigue tratando de marchas fúnebres; con
ritmos cadenciosos, solemnes, graves, muy lejos aun de las coloristas
partituras que en el S. XX verán la luz.
Se sabe de la existencia de obras anteriores pero, la primera marcha
procesional que se conserva es "El Llanto" , marcha fúnebre compuesta por
José Gabaldá Bel en el año 1867 y dedicada a la Semana Santa de Cabra
(Córdoba), pero de esta época destacaremos al compositor Eduardo López
Juarranz, quien será autor de "Pobre Carmen", marcha que aunque está
dedicada a Ntra. Sra. de los Dolores de El Viso del Alcor ha tenido gran
relevancia en nuestra ciudad, formando parte, desde entonces, del repertorio
que se interpreta tras la Virgen de la Soledad convirtiéndose en casi un
himno de esta cofradía. Estas marchas están dentro de la línea típicamente
fúnebre del S. XIX, cargadas de melancolía y dramatismo.
En Linares, a mediados del S. XIX ya existía una banda de plantilla
completa dirigida por Manuel Sánchez que, en el último cuarto de siglo,
llegó a coexistir con otra, hasta que en 1882, bajo la dirección de Antonio
Camacho, se unifican para convertirse en la primera banda municipal. Sin
embargo, tendremos que esperar hasta la primera década del S. XX, para
encontrar marchas dedicadas a las imágenes de nuestra ciudad.
A principios del S. XX, será cuando se formulen las tendencias que
definirán la marcha procesional que hoy día conocemos y que, siendo
honestos, no ha variado desde entonces. Esta auténtica revolución va a venir
de la mano de los compositores sevillanos Manuel Font de Anta y Manuel
López Farfán. En sus marchas no se evoca el dolor trágico decimonónico
característico de las piezas fúnebres sino que, respondiendo a tendencias
folcloristas propias del regionalismo imperante, se exalta la sensibilidad y
sobrecogimiento que produce la divinidad en el pueblo. Estos fundamentos se
plasman en los poemas sinfónicos, adaptados posteriormente a marcha, "Soleá
dame la Mano" y "Amarguras", compuestos por Manuel Font de Anta en 1918 y
1919 respectivamente, donde, manteniendo los esquemas estructúrales de las
anteriores obras, se recurre a un lenguaje eminentemente descriptivo por lo
que quedan perfectamente diferenciadas cada una de las partes argumentales
de la pieza, alternándose pasajes delicados y detallistas y momentos de
dramática tensión.
Cornetas, fuertes metales y acelerados ritmos serán, evocando así las
fanfarrias militares, las claves que usará Manuel López Farfán en "Pasan los
campanilleros" de 1924 y, donde se aparta por completo del dolor latente de
las marchas fúnebres y se acerca al carácter pintoresco de las procesiones.
En el tercer pasaje de "Estrella Sublime", compuesta en 1925, presenta una
melodía fuertemente expresiva, desarrollada por los metales acompañándose de
un insistente obstinato protagonizado por las maderas y que se ha convertido
en recurso ya manido en prácticamente toda la producción cofrade posterior.
Dentro de este contexto, verán la luz las primeras composiciones dedicadas
a nuestras imágenes. En 1878, nace Alfredo Martos Gómez, quien en 1911 es
nombrado responsable de la banda municipal de Linares hasta su muerte en
1951. Durante el largo periodo en que se dedica a la dirección de esta
formación, compondrá numerosos pasodobles, pasacalles, poemas sinfónicos y
marchas fúnebres tanto de carácter profano como procesional.
Pese a la época en que desarrolla su labor artística, su obra para Semana
Santa, se encuadrará dentro del estilo de la marcha fúnebre decimonónica.
Alfredo Martos será quien popularice en nuestra ciudad "Pobre Carmen" de
Juarranz y los paralelismos entre esta partitura y las composiciones del
maestro Martos serán evidentes, sin ir más lejos, "Santo Entierro" hace
referencia a la pieza del compositor gaditano tanto en su estructura como en
el desarrollo armónico y melódico. Otras obras suyas serán "Humildad",
"Rescate", "Nazaret" y "Al pie de la Cruz", dedicada esta última a la
hermandad del Descendimiento. Aunque no son de carácter sacro, también se
interpretaron en Semana Santa las marchas fúnebres "Canto con el Alma mía",
"Sueño eterno", "Monte Aurij" y "Pobre Martir" dedicada a la memoria de
Giuseppe Verdi. En todas estas obras aflora un profundo dramatismo y ciertos
aires melancólicos.
Nos tendremos que adelantar hasta los años 70 para encontrar otro
compositor, que si bien dista en el tiempo de la época que nos ocupa, es
fiel heredero de las tendencias de principios de S. XX; el manchego Tomás
Villajos Soler será el nuevo director de la banda municipal durante esta
década y la anterior. En esta época donde se avecina una transición
política, la hermandad de la Oración en el Huerto aglutinará a los sectores
monárquicos de nuestra ciudad que querrán manifestar su condición nombrando
hermano mayor honorario al, por entonces, príncipe D. Juan Carlos de Borbón
y Borbón. Con motivo de dicho evento, el músico de Almodóvar del Campo
compondrá en 1973 "Ntro. Padre Jesús de la Oración en el Huerto" marcha
ecléctica y de marcado carácter sinfónico, dedicada a esta corporación.
Posteriormente escribirá, bajo el título genérico de "Ntro. Padre Jesús del
Prendimiento", cuatro marchas cortas dedicadas a la homónima hermandad,
estas de estructura muy elemental y muy lejos de efectismos retóricos.
Desgraciadamente, no existe ningún registro sonoro de la obra procesional
de estos compositores, a excepción de "Santo Entierro" que sigue
interpretando la banda de Cabecera del Nazareno.
Actualmente, los manuscritos de Alfredo Martos, están siendo digitalizados
por el equipo de la Biblioteca Municipal para poder ser consultados con la
seguridad debida.
Audiciones para el capítulo 2.Y "Marcha al paso".Marcha para banda
montadaY "La Alameda". Marcha para cornetas y tamboresY "Soleá dame la
mano". Manuel Font de AntaY "Estrella Sublime". Manuel López Farfán.Y "Santo
Entierro". Alfredo Martos Gómez.
3. La música de Cristo: Influencias sevillanas en la Semana Santa de
Linares.
Durante la segunda mitad del S. XX, serán los conjuntos de cornetas y
tambores los que evolucionen, curiosamente, coincidiendo con el ocaso de las
bandas militares en la década de los 70 que darán paso a formaciones nacidas
principalmente en el seno de las hermandades; pero para entender este
fenómeno tendremos antes que volver a las postrimerías del S. XIX y
comienzos de la siguiente centuria.
En 1886 nace en Linares Alberto Escámez. Músico y militar de profesión, del
arma de artillería, y que por motivos familiares se traslada e instala en
Málaga. Allí comienza a dirigir, en los años 20 de la pasada centuria, la
banda del Real Cuerpo de Bomberos. Esta agrupación, de importante
trayectoria en la ciudad costera, pertenecía a la tipología de bandas de
cornetas y tambores que, tanto militares como civiles, ya existían desde
mediados del S. XIX, pero que no obstante, habían quedado relegadas a abrir
los cortejos penitenciales frente al progreso de las bandas de plantilla
completa y a la profusión de marchas, específicamente cofrades, compuestas
para ellas.
El instrumental de este tipo de bandas no pueden dar la mayoría de las
notas y su ejecución se restringe a poco más de dos octavas. El músico
linarense, de formación eminentemente académica, ante las limitaciones de
una plantilla instrumental como esta, decide poner en práctica lo que vendrá
a ser una novedosa forma musical inédita hasta la fecha; compondrá marchas
polifónicas, a tres o cuatro voces, ajustándose a estas carencias tonales,
desarrollando melodías de aires melancólicos y ritmos cadenciosos sobre un
fondo armónico que, evocando las fanfarrias decimonónicas, completará el
conjunto. Partituras como "Cristo del Amor", o "Consolación y Lágrimas",
serán consideradas en la actualidad auténticos clásicos de la música
procesional andaluza, algunas de ellas, de delatadora inspiración en sus
recuerdos de niñez como ocurre en "Virgen de Linarejos".
Escámez, terminará sus días como director de la banda municipal de Adra
(Almería) quedando su persona prácticamente en el anonimato y habiéndose
perdido su obra musical, no solo la escrita para cornetas y tambores sino
algunas partituras para banda de plantilla completa.
Sin embargo, no será la referida formación malagueña la que haga pasar a la
historia la producción de nuestro paisano, para ello tendremos que
esperarnos hasta 1951, cuando la banda de cornetas y tambores de la Policía
Armada de Sevilla adoptará las maneras de Escámez, comenzando a ganarse la
admiración tanto del público como de las hermandades, hasta el punto de
conseguir acompañar a varios pasos de Cristo, no consiguiendo este
privilegio con los de Virgen o Palios; hay que destacar que, en Sevilla, el
Palio tiene tal protagonismo que no solo centra la atención de la mayoría de
las cofradías sino que se configura todo un conjunto iconográfico e
iconológico alrededor de este tipo de pasos, y por este motivo la música
para banda de plantilla completa se entenderá, como máxima expresión
musical, indisoluble de las Vírgenes.
Una década más tarde, en 1960, de entre varias formaciones sevillanas de
este tipo, destacará la de la Segunda Comandancia de la Guardia Civil de
Eritaña, la cual, de la mano de su director, el subteniente José Martín
Martín, incluirá en su plantilla trompetas, trombones, gaitas, saxofones y
platos, aumentando notablemente sus posibilidades interpretativas. Martín
Martín, compondrá "saeta", marcha escrita para el instrumental disponible y,
tras el éxito de esta pieza, comenzará a idear marchas que, aunque no
pierden los aires de los toques militares clásicos de la centuria anterior,
incluyen ahora melodías inspiradas en obras para banda de música, en cantos
litúrgicos o populares y conseguirá con esto un evocador estilo híbrido de
ritmos mas dinámicos que el anterior que pasará a llamarse agrupación
musical y que pronto competirá con el de las cornetas y tambores con marchas
como "Perdona a tu pueblo" o "Alma mía".
Con estas nuevas tendencias, estamos ante el nacimiento de lo que ha venido
a denominarse bandas de Cristo o música de Cristo, fenómeno que pronto se
extendería por la practica totalidad de la geografía andaluza, aunque siendo
objetivos, no pasará de ser un género menor pese al auge que ha
experimentado en calidad compositiva y virtuosismo interpretativo a partir
de los años 80 de la mano de compositores como Francisco Javier González de
los Ríos o Nicolás Barbero Ribas. Sus composiciones, buscarán inspiración en
las clásicas de los dos estilos descritos, pero también podrán hallarse
influencias de otros géneros musicales de diverso origen, descollando un
particular abuso de los giros aflamencados.
En las décadas de los 50 y los 60, también cobrarán importancia en nuestra
ciudad las bandas de cornetas y tambores, que datan de mediados del S. XIX.,
fecha en la que aparecen los "armaos" o centuria de soldados romanos, los
cuales mantendrán de forma intermitente esta plantilla instrumental hasta su
desaparición en 1979. En aquel periodo se organizarán nuevas formaciones
que, aunque no tomarán ejemplo de los dos fenómenos anteriores, ni tendrán
gran relevancia musicalmente hablando, serán germen de las que poco a poco
irán apareciendo en el seno de nuestras hermandades. La consecuencia de este
periodo será el nacimiento de las bandas de cabecera, que analizaremos más
adelante, y la asimilación, más tardíamente, del fenómeno de la música de
Cristo.
En 1980, el palio de Ntra. Sra. del Rosario, realizará su estación de
penitencia cargado por hermanos costaleros. Este fenómeno importado de
Sevilla, traerá consigo la influencia de aquella semana santa en nuestras
hermandades, afectando en consecuencia a las formaciones musicales
existentes; De esta manera, en 1984, la banda infantil "Ntra. Sra. de los
Dolores" de la hermandad del Rescate, que acompaña al Señor, adoptará el
estilo de las agrupaciones musicales siendo imitada a continuación por
otras bandas similares o de nueva creación, y en 2001 se organizará la banda
de cornetas y tambores "Ntra. Sra. del Rosario", que será la única que siga
la herencia de la obra de Alberto Escámez. A este respecto, hemos encontrado
antiguos componentes de la extinta banda de cornetas y tambores "Ntra. Sra.
de Linarejos", que aseveran haber interpretado marchas de este o herederos
de su estilo. Aunque sabemos que en los años 50, se organiza una formación
de cornetas y tambores en la hermandad del Nazareno y que al poco tiempo se
disolverá para formar la anteriormente referida, no hemos podido constatar
dicha afirmación.
Pese a este apogeo de la música cofrade, que no solo afectará a la música
de Cristo, sino también a las bandas de música, debido también en gran parte
a la socialización de la música en las últimas décadas del S. XX, hasta
finales de los 90 y comienzos del nuevo milenio, no se compondrán obras para
nuestras cofradías a excepción de la marcha "Santa Cena" que escribirá
Francisco Roa en 1988 y de la obra de Tomás Villajos Soler ya descrita.
Estas nuevas piezas, seguirán en la línea de lo que, hasta la fecha, se ha
venido haciendo en Sevilla y sin aportarse nada nuevo digno de mención; en
"Sangre en tus clavos" dedicada al Cristo de la Penitencia, el sevillano
Nicolás Barbero Ribas compone para agrupación musical una pieza inspirada
en los corales barrocos y con ciertos cambios de tono con carácter
efectista. El linarense Joaquín Gómez García, en la marcha para cornetas y
tambores "Y tu mirada Gitana" recurre a aires aflamencados insistiendo
constantemente en alardes de virtuosismo interpretativo, como viene siendo
usual en este tipo de marchas. En obras para banda de plantilla completa,
destacará Enrique Moya Castro, director de la Orquesta sinfónica de Linares.
Su obra evidencia su notable formación y capacidad para la instrumentación,
siguiendo dignamente pero sin grandes pretensiones lo aportado en épocas
pretéritas ya descritas. Partituras suyas son "Ntra. Sra. de la Paz", "Dies
Israe" y "Virgen de la Consolación".
Otros compositores linarenses son: Juan Luis López Hernández y Víctor
Ramírez Pérez en agrupación musical, Enrique Cruz Sánchez en Cornetas y
Tambores, y para plantilla completa Juan Antonio Fuentes Santoyo, Francisco
Javier Fraile Sánchez, Alfredo Catalán, Francisco Cuenca y Rafael Peralta.
Audiciones para el capítulo 3.Y "Cristo del Amor". Alberto Escámez.Y "Alma
mía". José Martín Martín.Y "Sangre en tus clavos". Nicolás Barbero
Ribas.Y "Y en tu mirada gitana". Joaquín Gómez García.Y "Virgen de la
Consolación". Enrique Moya Castro.
5. Las bandas de Cabecera.
Hemos dejado para el final el capítulo dedicado a las bandas de cabecera,
al entender que son la manifestación más relevante de nuestro patrimonio
musical en todos los sentidos, aunque no es menos cierto, que se trata de un
fenómeno que destaca principalmente por su particular evolución más que por
sus aportaciones a la música procesional, que en realidad han sido muy
escasas.
Las bandas de cabecera, que deben su denominación al lugar que ocupan en
los cortejos penitenciales, esto es, tras la cruz de guía, desde su origen
como bandas de cornetas y tambores, hasta su configuración actual, se han
desarrollado al igual que cien años atrás lo hicieran las primeras bandas de
música, si bien, en las últimas décadas han ido adquiriendo matices
originales, por otra parte controvertidos.
En 1969, en la Hermandad de la Expiración se funda una banda de cornetas y
tambores que, bajo la dirección de Antonio Martín García, pronto incluirá en
su plantilla otros metales y paulatinamente maderas. Esta banda comenzará su
andadura con un repertorio basado en adaptaciones de marchas procesionales
propiamente dichas, caso de la famosa obra de Emilio Cebrián Ruiz "Ntro.
Padre Jesús", y de algunas piezas de carácter no religioso, como "El ocaso
de los Dioses" de Wagner, siendo inevitable la comparación con aquellas
formaciones de plantilla completa emergentes en la centuria decimonónica,
continuando de manera hereditaria, sus tendencias estéticas.
Este tipo de banda se va a caracterizar, entre otras cosas, por su elevado
número de componentes, lo que hará difícil para el músico escuchar el
conjunto sonoro al mismo tiempo que el esta interpretando, sobre todo por el
volumen de percusión que es típico en estos casos, por lo que Antonio Martín
en vez de distribuir las cuerdas instrumentales de la forma común a otras
agrupaciones, mezcla en cada fila varias voces con lo que soluciona el
problema referido y además consigue que la banda se escuche por igual desde
cualquier punto. Como dato curioso, diremos que esta formación, al no tener
presupuesto para confeccionar uniformes, optarán por ir ataviados con el
hábito penitencial de la cofradía, algo que aunque es práctica en muchas
otras poblaciones de la geografía española, se ha convertido en uso y
costumbre para estas bandas linarenses.
Durante la década de los 70 surgirán otras bandas de similar evolución como
la del Rescate, Nazareno, Santa Cena y la del Descendimiento dirigida por
José Antonio Orta Román y que por el contrario, se gestará sobre las formas
de las antiguas bandas militares de pífanos, componiendo su plantilla
instrumental, flautines, flautas y algún que otro bombardino, consiguiendo
una sonoridad de marcado carácter evocador, pero a finales de los 80 y
principios de los 90 se sumará a las tendencias comunes del resto de
formaciones de este tipo.
El repertorio de estas agrupaciones se fundamentará en adaptaciones de
obras procedentes de diversos géneros: adaptaciones de marchas fúnebres como
"Mater Mea" de Ricardo Dorado Janeiro o "Miserere" de Victoriano García
Alonso, o de obras de música sacra como "Lacrimosa", adaptación del
"lacrimosa" del "Réquiem" de Mozart o de carácter concertante como
"Recuerdo" adaptación de la romanza del concierto para guitarra y orquesta
de Salvador Bacarisse. Sin embargo, las partituras escritas ex profeso, para
estas formaciones son muy escasas y poco notables, reduciéndose a algunas
piezas que, si bien no pueden ser consideradas adaptaciones, están
evidentemente inspiradas en otras obras.
Esta manifestación musical, aunque no del todo exclusiva de Linares, ya que
hemos podido constatar este mismo fenómeno en la Semana Santa de León,
terminará caracterizándose por una importante riqueza instrumental, no solo
en sus cuerdas de viento sino también en las de percusión, llegando ha
componerse, obras específicamente para esta sección, teniendo particular
interés el repertorio dejado por Tomás Arboledas Ribera, quién, en su banda
del Nazareno, fue pionero en nuestra ciudad, rompiendo con los
tradicionales esquemas rítmicos e introduciendo estructuras de los baterías
de música ligera contrapunteando los diferentes instrumentos. Estas piezas,
son hoy día comunes a todas las cabeceras, alcanzando altas cotas de
dificultad técnica como en el caso de la compuesta en 2001 por el profesor
de percusión Tomás Arboledas, hijo del citado precursor.
En las últimas décadas, han sido bandas sonoras cinematográficas como "El
Último Mohicano", "Conan el Bárbaro" o "Memorias de África", canciones de
moda como "Who Wants To Live Forever" de Queen o "Noches de Blanco Satén" de
los Moody Blues, o canciones tradicionales como "No llores por mi Argentina"
del musical "Evita" que compusiera Andrew Lloyd Webber, las que han
engrosado sus repertorios, originando fuertes discrepancias y abriendo un
debate en el entorno de la música procesional sobre la conveniencia o no de
este tipo de tendencias. Este fenómeno viene provocado por la pertenencia de
muchos de los actuales directores de estas formaciones a la extinta orquesta
y coros de música ligera que formara Mariano Luna, los cuales, llevan las
adaptaciones de este tipo de música que se interpretaban en aquella orquesta
a sus bandas.
Audiciones para el capítulo 4.Y "Marcha de percusión". Tomás
Arboledas.Y "Lacrimosa"Y "Recuerdo". Adaptación Enrique Maestre Infantes.
Concluyendo, haremos mención al número de formaciones musicales de Semana
Santa que hay en nuestra ciudad, a saber: una banda de cornetas y tambores,
siete agrupaciones musicales, seis bandas de música, seis bandas de
cabecera, una de tambores del Santo Entierro y ocho tercios de trompeteros.
Esta numerosa nómina, amén de las que no tienen vinculación con la semana
santa, pese a valorarse generalmente de forma positiva, en realidad ha ido
en detrimento de la calidad interpretativa, notándose evidentes carencias en
muchas de ellas. En el aspecto compositivo, la música procesional en Linares
ha brillando notablemente en algunos momentos y subsistido airosamente en
otros, pero siempre, adecuándose a las corrientes imperantes de cada época
y muy lejos de aportar nada nuevo al panorama musical cofrade.
Audición.Y "Ntro. Padre Jesús del Prendimiento: Marcha (a)" . Tomás Villajos
Soler. Digitalización a piano MIDI.
Linares, 3 de Noviembre de 2005.
Fdo. José Ángel Palacios Fernández.
EN TORNO A LA SEMANA SANTA: LA MUSICA PROCESIONAL EN LINARES
1. Orígenes de la música procesional en Linares.
2. Aparición de la marcha procesional en el S. XIX y su evolución en la
primera mitad del S. XX.: Los Maestros Alfredo Martos Gómez y Tomás Villajos
Soler.
3. La música de Cristo: Influencias sevillanas en la Semana Santa de
Linares.
4. Las bandas de Cabecera.
A modo introductorio.
Hablar de la música procesional en Linares es hablar de la música que ha
rodeado al fenómeno de las procesiones, especialmente de semana santa, en
Andalucía.
Lejos del abusivo chovinismo que suele ser común a la hora de afrontar el
estudio de tradiciones locales, en nuestra ciudad se desarrollarán estas
manifestaciones de igual manera que en otras poblaciones, sin apreciarse
grandes diferencias, exceptuando, si acaso, algunos medievalismos aun
conservados y ciertas peculiaridades evolutivas de algunas formaciones
musicales; por este motivo, y dado que a duras penas hemos podido encontrar
tanto información como registros sonoros específicamente de Linares, hemos
recurrido a una breve aproximación general y sus consecuencias en nuestra
semana santa.
De esta manera, dividiremos el tema que nos ocupa en cuatro bloques
fundamentales; los orígenes de la música procesional, la aparición de la
marcha procesional en el S. XIX y su evolución en la primera mitad del XX,
el fenómeno de las bandas denominadas de Cristo y las bandas de cabecera,
como los elementos más identificables de la música de semana santa en
Linares.
1. Orígenes de la música procesional en Linares.
Respecto a los orígenes de la música procesional, a partir de la segunda
mitad del S. XVI, las solemnidades religiosas cobran un auge hasta entonces
inusitado; en los dominios de la corona española y particularmente en
Andalucía, las procesiones se convierten en clave fundamental de la liturgia
católica y muchas de las celebraciones, que hasta la fecha se habían
desarrollado en el interior de los claustros conventuales y las naves
catedralicias, también saldrán fuera de los templos con gran fastuosidad,
sacándose a la calle las imágenes y reliquias de devoción popular y
organizándose grandes fiestas en honor al sacramento eucarístico y los
diferentes dogmas de Fe, adecuándose así, a los fines propagandísticos que
el concilio de Trento acababa de promulgar para combatir la amenaza del
protestantismo. Dentro de estas fórmulas, la música será, a partir de
entonces y en adelante, parte fundamental, no pudiendo olvidarse que, ya de
por sí, la iglesia católica mantenía una importante tradición al respecto.
Las procesiones intra-muros, eran precedidas de pequeños coros, bien de
clérigos o bien de las capillas musicales que existieron en algunos templos,
como el de Santa María la Mayor de nuestra ciudad, que anunciaban a la
comitiva interpretando salmos o, como en el caso del "Stabat Mater", piezas
más especificas de las festividades que se celebraban. Estos
acompañamientos, en ocasiones contaron con una pequeña plantilla
instrumental, generalmente compuesta por instrumentos de viento madera a
tres voces. Estos tríos, generalmente de dos oboes y un fagot, los componían
los ministriles que formaban lo que por entonces se conocía con el nombre de
"Capilla Musical", los cuales, eran los encargados de interpretar la música
en los oficios litúrgicos y en las procesiones de las fiestas solemnes.
Durante los siglos siguientes al XVI, este uso, que se define como música
de capilla y terminará por convertirse en un género exclusivamente
instrumental, también tendrá participación en el fenómeno procesional
extra-muros de los templos, llegando hasta nuestros días formando parte de
algunos cortejos penitenciales. Pero estas manifestaciones religiosas
tendrán ahora un marcado carácter popular, por lo que se verán enriquecidas
por cantos piadosos tradicionales y, sobre todo en las manifestaciones de
semana santa, por instrumentos, que herederos de costumbres medievales, se
hacían sonar con carácter simbólico dentro de una visión apocalíptica de la
religión; Carracas para aludir a la penitencia, de claro origen en los autos
de fe celebrados por la inquisición, tambores destemplados que aludían al
terremoto que sacudió Jerusalén tras la muerte del Redentor, y grandes
bocinas en recuerdo, de las que supuestamente, hicieron sonar el populacho
para burlarse de Cristo en su camino al Calvario.
En Linares, de la mano de las órdenes franciscana y dominica, pronto se
pondrán en práctica los nuevos principios tridentinos con la aparición de
hermandades de penitencia como la Vera Cruz en 1558, la Quinta Angustia en
1586 y la Cruz de Santa Elena en 1601, que comenzarán a realizar procesiones
por las principales calles de la villa; de aquellas épocas, aun conservamos
vestigios, concretamente, los tambores que se percuten en la cofradía del
Santo Entierro, cuyo ritmo, según la tradición oral, responde a la frase
"SAN-TO SE-PUL-CRO", y las bocinas o trompetas que, aunque originarias de la
hermandad del Nazareno, se tocan en varios cortejos penitenciales, a saber,
las Cofradías de la Santa Cena, la del Rescate, la del referido Nazareno, la
Expiración y, aunque en la actualidad ya no lo hacen, las de la Humildad, el
Prendimiento y la Oración del Huerto. Estos "tercios de trompeteros",
interpretan tres toques diferentes denominados "Media", "Entera" y
"Floreada", cumpliendo la función de heraldos que anuncian el paso de la
comitiva penitencial. Los instrumentos utilizados son trompetas muy
similares a las usadas en la música renacentista y barroca, si bien su
sonido y tesitura de ejecución es grave, equiparable a la de un trombón.
Respecto al uso de la música de capilla, aunque parece evidente, no
podemos mas que suponer su existencia en el pasado pues, hasta la
reorganización de la hermandad de la Vera Cruz en 1987 que ha usado esta
manera musical algunos años y, recientemente, la Agrupación de Hermandades y
Cofradías que lo ha incluido en el Vía Crucis que celebra el Viernes de
Dolores, no hay constancia de su empleo, no existiendo tampoco obra
compuesta específicamente para nuestras cofradías, pese a ser un género al
que han recurrido habitualmente los compositores a lo largo de la historia.
Hasta el S. XIX, poco o nada cambiará al respecto de lo que nos atañe. Tan
solo mencionar un caso documentado pero que ha quedado en el olvido;
"Coplillas del Calvario", escritas por Pablo de Olavide en el S. XVIII
supuestamente para la hermandad del Nazareno de Linares, las cuales, eran
cantadas durante el transcurso de la procesión que esta cofradía realiza en
la madrugada del Viernes Santo. De estas solo se conserva el texto, si bien,
curiosamente, hemos podido encontrar un registro sonoro de la población de
Villar de Cañas, lo que nos hace dudar de la dedicatoria a la hermandad
nazarena de Linares. La noticia de este descubrimiento, que aquí damos como
primicia, debe, no obstante, tomarse con cautela, pues la melodía de estas
coplillas puede haberse transformado con el paso del tiempo al no existir un
registro documental del original.
Audiciones para el capítulo 1.Y Tambores del Santo EntierroY Trompeteros del
NazarenoY "Coplillas del Calvario". Pablo de Olavide.Y "Saetas del
Silencio". Anónimo del S. XVIII
2. Aparición de la marcha procesional en el S. XIX y su evolución en la
primera mitad del S. XX: Los Maestros Alfredo Martos Gómez y Tomás Villajos
Soler.
Durante el S. XIX, se darán una serie de circunstancias que motivarán la
aparición de la música procesional propiamente dicha.
El romanticismo decimonónico y los regionalismos de principios del S. XX,
se interesarán por las costumbres populares; esto se debe a una ruptura con
los fríos academicismos de la época ilustrada, exaltando lo sensual frente a
lo racional, y, por este motivo, un acercamiento a aquellas manifestaciones
originarias de épocas pretéritas y atesoradas en las tradiciones locales.
En la música, cobrarán protagonismo muchos instrumentos de origen
tradicional que rara vez habían sido contemplados por los ámbitos
académicos. También se delimitarán los conjuntos instrumentales de antaño
como las orquestas y se crearán otros nuevos como las bandas de plantilla
completa, también llamadas bandas de música. Muchas de estas formaciones,
evolucionarán de las antiguas "bandas de guerra" de las distintas unidades y
regimientos militares, cuya instrumentación primitiva, formada esencialmente
por pífanos, a principios del S. XIX de suplantarán por cornetas o clarines,
creándose las bandas de cornetas y tambores y las bandas montadas de
clarines y timbales, como la de los húsares de la Princesa que, en 1930 y
1931 visitarán nuestra ciudad para acompañar a la hermandad de la Santa
Cena. Estas formaciones interpretarán los toques reglamentarios denominados
"puntos de marcha" definiéndose así, un característico sonido de fanfarrias
que habrá de tenerse en cuenta en el futuro.
Algunas de estas bandas militares, junto con otras de carácter civil creadas
al amparo de ayuntamientos o de iniciativas privadas, conseguirán, durante
este siglo, plantillas instrumentales que, aunque algo limitadas todavía,
les facilitarán los suficientes recursos para interpretar repertorios más
amplios y ricos, cobrando forma definitiva muchos de los géneros propios de
estas formaciones como el pasodoble, el pasacalles y la marcha, pieza
musical de rítmica originaria en aquellos "puntos de marcha", destinada a
indicar el paso reglamentario de las tropas, o de los cortejos civiles en
ciertas solemnidades.
Los compositores que, hasta entonces, desarrollaban su creatividad dentro de
los grandes programas institucionales, ahora, aunque seguirán manteniendo en
mayor medida este compromiso, también escribirán páginas inspiradas en la
música popular. Así mismo, muchos de ellos ejercerán su labor en aquellas
bandas de plantilla completa, al ser militares o funcionarios del cuerpo de
directores de música. Esta circunstancia provocará que, dentro de la obra
compuesta para estas formaciones, nazca el género de la marcha procesional
frente a las manifestaciones, más o menos relevantes, de otras épocas, pero
que poco tienen que ver con la música procesional propiamente dicha.
A este respecto, hay que hacer constar que el patrocinio de muchas de las
devociones populares, al que se han venido acogiendo el ejército desde
tiempos inmemoriales, ha implicado una especial unión entre este y algunas
hermandades, siendo habitual la presencia de bandas militares en las
procesiones, aunque en Linares, si bien ha sido igualmente usual la
presencia de estos cuerpos o sus influencias, este vínculo, no se ha dado al
no existir acuartelamientos en nuestra ciudad.
Un tercer aspecto significativo de este período, será la aparición de un
nuevo concepto de acompañamiento musical en las procesiones; las bandas irán
tras los pasos y no delante de la comitiva, nos referimos con esto, a que la
música no cumplirá, a partir de ahora, una función de anuncio de paso del
cortejo como lo había venido haciendo, sino de acompañamiento a las andas a
las que sigue. Suponemos que, al igual que en los cortejos fúnebres se
acompañaba al féretro con música, homenajeando de esta forma al difunto, por
similitud, se adopta este protocolo dado el carácter igualmente luctuoso de
las celebraciones de semana santa.
Por este motivo, se interpretaran adaptaciones de piezas de carácter
fúnebre de orígenes diversos y no necesariamente relacionados con la música
religiosa; "la marcha fúnebre" de Chopin, el aria "Ione" de Petrella, "el
Ocaso de los Dioses" de Wagner o "la Muerte de Ase" de la ópera "Peer Gynt"
de Edvard Grieg serán buenos ejemplos. Pero a finales de la centuria
decimonónica, se compondrán las primeras marchas dedicadas a imágenes
procesionales, aunque de suyo, se sigue tratando de marchas fúnebres; con
ritmos cadenciosos, solemnes, graves, muy lejos aun de las coloristas
partituras que en el S. XX verán la luz.
Se sabe de la existencia de obras anteriores pero, la primera marcha
procesional que se conserva es "El Llanto" , marcha fúnebre compuesta por
José Gabaldá Bel en el año 1867 y dedicada a la Semana Santa de Cabra
(Córdoba), pero de esta época destacaremos al compositor Eduardo López
Juarranz, quien será autor de "Pobre Carmen", marcha que aunque está
dedicada a Ntra. Sra. de los Dolores de El Viso del Alcor ha tenido gran
relevancia en nuestra ciudad, formando parte, desde entonces, del repertorio
que se interpreta tras la Virgen de la Soledad convirtiéndose en casi un
himno de esta cofradía. Estas marchas están dentro de la línea típicamente
fúnebre del S. XIX, cargadas de melancolía y dramatismo.
En Linares, a mediados del S. XIX ya existía una banda de plantilla
completa dirigida por Manuel Sánchez que, en el último cuarto de siglo,
llegó a coexistir con otra, hasta que en 1882, bajo la dirección de Antonio
Camacho, se unifican para convertirse en la primera banda municipal. Sin
embargo, tendremos que esperar hasta la primera década del S. XX, para
encontrar marchas dedicadas a las imágenes de nuestra ciudad.
A principios del S. XX, será cuando se formulen las tendencias que
definirán la marcha procesional que hoy día conocemos y que, siendo
honestos, no ha variado desde entonces. Esta auténtica revolución va a venir
de la mano de los compositores sevillanos Manuel Font de Anta y Manuel
López Farfán. En sus marchas no se evoca el dolor trágico decimonónico
característico de las piezas fúnebres sino que, respondiendo a tendencias
folcloristas propias del regionalismo imperante, se exalta la sensibilidad y
sobrecogimiento que produce la divinidad en el pueblo. Estos fundamentos se
plasman en los poemas sinfónicos, adaptados posteriormente a marcha, "Soleá
dame la Mano" y "Amarguras", compuestos por Manuel Font de Anta en 1918 y
1919 respectivamente, donde, manteniendo los esquemas estructúrales de las
anteriores obras, se recurre a un lenguaje eminentemente descriptivo por lo
que quedan perfectamente diferenciadas cada una de las partes argumentales
de la pieza, alternándose pasajes delicados y detallistas y momentos de
dramática tensión.
Cornetas, fuertes metales y acelerados ritmos serán, evocando así las
fanfarrias militares, las claves que usará Manuel López Farfán en "Pasan los
campanilleros" de 1924 y, donde se aparta por completo del dolor latente de
las marchas fúnebres y se acerca al carácter pintoresco de las procesiones.
En el tercer pasaje de "Estrella Sublime", compuesta en 1925, presenta una
melodía fuertemente expresiva, desarrollada por los metales acompañándose de
un insistente obstinato protagonizado por las maderas y que se ha convertido
en recurso ya manido en prácticamente toda la producción cofrade posterior.
Dentro de este contexto, verán la luz las primeras composiciones dedicadas
a nuestras imágenes. En 1878, nace Alfredo Martos Gómez, quien en 1911 es
nombrado responsable de la banda municipal de Linares hasta su muerte en
1951. Durante el largo periodo en que se dedica a la dirección de esta
formación, compondrá numerosos pasodobles, pasacalles, poemas sinfónicos y
marchas fúnebres tanto de carácter profano como procesional.
Pese a la época en que desarrolla su labor artística, su obra para Semana
Santa, se encuadrará dentro del estilo de la marcha fúnebre decimonónica.
Alfredo Martos será quien popularice en nuestra ciudad "Pobre Carmen" de
Juarranz y los paralelismos entre esta partitura y las composiciones del
maestro Martos serán evidentes, sin ir más lejos, "Santo Entierro" hace
referencia a la pieza del compositor gaditano tanto en su estructura como en
el desarrollo armónico y melódico. Otras obras suyas serán "Humildad",
"Rescate", "Nazaret" y "Al pie de la Cruz", dedicada esta última a la
hermandad del Descendimiento. Aunque no son de carácter sacro, también se
interpretaron en Semana Santa las marchas fúnebres "Canto con el Alma mía",
"Sueño eterno", "Monte Aurij" y "Pobre Martir" dedicada a la memoria de
Giuseppe Verdi. En todas estas obras aflora un profundo dramatismo y ciertos
aires melancólicos.
Nos tendremos que adelantar hasta los años 70 para encontrar otro
compositor, que si bien dista en el tiempo de la época que nos ocupa, es
fiel heredero de las tendencias de principios de S. XX; el manchego Tomás
Villajos Soler será el nuevo director de la banda municipal durante esta
década y la anterior. En esta época donde se avecina una transición
política, la hermandad de la Oración en el Huerto aglutinará a los sectores
monárquicos de nuestra ciudad que querrán manifestar su condición nombrando
hermano mayor honorario al, por entonces, príncipe D. Juan Carlos de Borbón
y Borbón. Con motivo de dicho evento, el músico de Almodóvar del Campo
compondrá en 1973 "Ntro. Padre Jesús de la Oración en el Huerto" marcha
ecléctica y de marcado carácter sinfónico, dedicada a esta corporación.
Posteriormente escribirá, bajo el título genérico de "Ntro. Padre Jesús del
Prendimiento", cuatro marchas cortas dedicadas a la homónima hermandad,
estas de estructura muy elemental y muy lejos de efectismos retóricos.
Desgraciadamente, no existe ningún registro sonoro de la obra procesional
de estos compositores, a excepción de "Santo Entierro" que sigue
interpretando la banda de Cabecera del Nazareno.
Actualmente, los manuscritos de Alfredo Martos, están siendo digitalizados
por el equipo de la Biblioteca Municipal para poder ser consultados con la
seguridad debida.
Audiciones para el capítulo 2.Y "Marcha al paso".Marcha para banda
montadaY "La Alameda". Marcha para cornetas y tamboresY "Soleá dame la
mano". Manuel Font de AntaY "Estrella Sublime". Manuel López Farfán.Y "Santo
Entierro". Alfredo Martos Gómez.
3. La música de Cristo: Influencias sevillanas en la Semana Santa de
Linares.
Durante la segunda mitad del S. XX, serán los conjuntos de cornetas y
tambores los que evolucionen, curiosamente, coincidiendo con el ocaso de las
bandas militares en la década de los 70 que darán paso a formaciones nacidas
principalmente en el seno de las hermandades; pero para entender este
fenómeno tendremos antes que volver a las postrimerías del S. XIX y
comienzos de la siguiente centuria.
En 1886 nace en Linares Alberto Escámez. Músico y militar de profesión, del
arma de artillería, y que por motivos familiares se traslada e instala en
Málaga. Allí comienza a dirigir, en los años 20 de la pasada centuria, la
banda del Real Cuerpo de Bomberos. Esta agrupación, de importante
trayectoria en la ciudad costera, pertenecía a la tipología de bandas de
cornetas y tambores que, tanto militares como civiles, ya existían desde
mediados del S. XIX, pero que no obstante, habían quedado relegadas a abrir
los cortejos penitenciales frente al progreso de las bandas de plantilla
completa y a la profusión de marchas, específicamente cofrades, compuestas
para ellas.
El instrumental de este tipo de bandas no pueden dar la mayoría de las
notas y su ejecución se restringe a poco más de dos octavas. El músico
linarense, de formación eminentemente académica, ante las limitaciones de
una plantilla instrumental como esta, decide poner en práctica lo que vendrá
a ser una novedosa forma musical inédita hasta la fecha; compondrá marchas
polifónicas, a tres o cuatro voces, ajustándose a estas carencias tonales,
desarrollando melodías de aires melancólicos y ritmos cadenciosos sobre un
fondo armónico que, evocando las fanfarrias decimonónicas, completará el
conjunto. Partituras como "Cristo del Amor", o "Consolación y Lágrimas",
serán consideradas en la actualidad auténticos clásicos de la música
procesional andaluza, algunas de ellas, de delatadora inspiración en sus
recuerdos de niñez como ocurre en "Virgen de Linarejos".
Escámez, terminará sus días como director de la banda municipal de Adra
(Almería) quedando su persona prácticamente en el anonimato y habiéndose
perdido su obra musical, no solo la escrita para cornetas y tambores sino
algunas partituras para banda de plantilla completa.
Sin embargo, no será la referida formación malagueña la que haga pasar a la
historia la producción de nuestro paisano, para ello tendremos que
esperarnos hasta 1951, cuando la banda de cornetas y tambores de la Policía
Armada de Sevilla adoptará las maneras de Escámez, comenzando a ganarse la
admiración tanto del público como de las hermandades, hasta el punto de
conseguir acompañar a varios pasos de Cristo, no consiguiendo este
privilegio con los de Virgen o Palios; hay que destacar que, en Sevilla, el
Palio tiene tal protagonismo que no solo centra la atención de la mayoría de
las cofradías sino que se configura todo un conjunto iconográfico e
iconológico alrededor de este tipo de pasos, y por este motivo la música
para banda de plantilla completa se entenderá, como máxima expresión
musical, indisoluble de las Vírgenes.
Una década más tarde, en 1960, de entre varias formaciones sevillanas de
este tipo, destacará la de la Segunda Comandancia de la Guardia Civil de
Eritaña, la cual, de la mano de su director, el subteniente José Martín
Martín, incluirá en su plantilla trompetas, trombones, gaitas, saxofones y
platos, aumentando notablemente sus posibilidades interpretativas. Martín
Martín, compondrá "saeta", marcha escrita para el instrumental disponible y,
tras el éxito de esta pieza, comenzará a idear marchas que, aunque no
pierden los aires de los toques militares clásicos de la centuria anterior,
incluyen ahora melodías inspiradas en obras para banda de música, en cantos
litúrgicos o populares y conseguirá con esto un evocador estilo híbrido de
ritmos mas dinámicos que el anterior que pasará a llamarse agrupación
musical y que pronto competirá con el de las cornetas y tambores con marchas
como "Perdona a tu pueblo" o "Alma mía".
Con estas nuevas tendencias, estamos ante el nacimiento de lo que ha venido
a denominarse bandas de Cristo o música de Cristo, fenómeno que pronto se
extendería por la practica totalidad de la geografía andaluza, aunque siendo
objetivos, no pasará de ser un género menor pese al auge que ha
experimentado en calidad compositiva y virtuosismo interpretativo a partir
de los años 80 de la mano de compositores como Francisco Javier González de
los Ríos o Nicolás Barbero Ribas. Sus composiciones, buscarán inspiración en
las clásicas de los dos estilos descritos, pero también podrán hallarse
influencias de otros géneros musicales de diverso origen, descollando un
particular abuso de los giros aflamencados.
En las décadas de los 50 y los 60, también cobrarán importancia en nuestra
ciudad las bandas de cornetas y tambores, que datan de mediados del S. XIX.,
fecha en la que aparecen los "armaos" o centuria de soldados romanos, los
cuales mantendrán de forma intermitente esta plantilla instrumental hasta su
desaparición en 1979. En aquel periodo se organizarán nuevas formaciones
que, aunque no tomarán ejemplo de los dos fenómenos anteriores, ni tendrán
gran relevancia musicalmente hablando, serán germen de las que poco a poco
irán apareciendo en el seno de nuestras hermandades. La consecuencia de este
periodo será el nacimiento de las bandas de cabecera, que analizaremos más
adelante, y la asimilación, más tardíamente, del fenómeno de la música de
Cristo.
En 1980, el palio de Ntra. Sra. del Rosario, realizará su estación de
penitencia cargado por hermanos costaleros. Este fenómeno importado de
Sevilla, traerá consigo la influencia de aquella semana santa en nuestras
hermandades, afectando en consecuencia a las formaciones musicales
existentes; De esta manera, en 1984, la banda infantil "Ntra. Sra. de los
Dolores" de la hermandad del Rescate, que acompaña al Señor, adoptará el
estilo de las agrupaciones musicales siendo imitada a continuación por
otras bandas similares o de nueva creación, y en 2001 se organizará la banda
de cornetas y tambores "Ntra. Sra. del Rosario", que será la única que siga
la herencia de la obra de Alberto Escámez. A este respecto, hemos encontrado
antiguos componentes de la extinta banda de cornetas y tambores "Ntra. Sra.
de Linarejos", que aseveran haber interpretado marchas de este o herederos
de su estilo. Aunque sabemos que en los años 50, se organiza una formación
de cornetas y tambores en la hermandad del Nazareno y que al poco tiempo se
disolverá para formar la anteriormente referida, no hemos podido constatar
dicha afirmación.
Pese a este apogeo de la música cofrade, que no solo afectará a la música
de Cristo, sino también a las bandas de música, debido también en gran parte
a la socialización de la música en las últimas décadas del S. XX, hasta
finales de los 90 y comienzos del nuevo milenio, no se compondrán obras para
nuestras cofradías a excepción de la marcha "Santa Cena" que escribirá
Francisco Roa en 1988 y de la obra de Tomás Villajos Soler ya descrita.
Estas nuevas piezas, seguirán en la línea de lo que, hasta la fecha, se ha
venido haciendo en Sevilla y sin aportarse nada nuevo digno de mención; en
"Sangre en tus clavos" dedicada al Cristo de la Penitencia, el sevillano
Nicolás Barbero Ribas compone para agrupación musical una pieza inspirada
en los corales barrocos y con ciertos cambios de tono con carácter
efectista. El linarense Joaquín Gómez García, en la marcha para cornetas y
tambores "Y tu mirada Gitana" recurre a aires aflamencados insistiendo
constantemente en alardes de virtuosismo interpretativo, como viene siendo
usual en este tipo de marchas. En obras para banda de plantilla completa,
destacará Enrique Moya Castro, director de la Orquesta sinfónica de Linares.
Su obra evidencia su notable formación y capacidad para la instrumentación,
siguiendo dignamente pero sin grandes pretensiones lo aportado en épocas
pretéritas ya descritas. Partituras suyas son "Ntra. Sra. de la Paz", "Dies
Israe" y "Virgen de la Consolación".
Otros compositores linarenses son: Juan Luis López Hernández y Víctor
Ramírez Pérez en agrupación musical, Enrique Cruz Sánchez en Cornetas y
Tambores, y para plantilla completa Juan Antonio Fuentes Santoyo, Francisco
Javier Fraile Sánchez, Alfredo Catalán, Francisco Cuenca y Rafael Peralta.
Audiciones para el capítulo 3.Y "Cristo del Amor". Alberto Escámez.Y "Alma
mía". José Martín Martín.Y "Sangre en tus clavos". Nicolás Barbero
Ribas.Y "Y en tu mirada gitana". Joaquín Gómez García.Y "Virgen de la
Consolación". Enrique Moya Castro.
5. Las bandas de Cabecera.
Hemos dejado para el final el capítulo dedicado a las bandas de cabecera,
al entender que son la manifestación más relevante de nuestro patrimonio
musical en todos los sentidos, aunque no es menos cierto, que se trata de un
fenómeno que destaca principalmente por su particular evolución más que por
sus aportaciones a la música procesional, que en realidad han sido muy
escasas.
Las bandas de cabecera, que deben su denominación al lugar que ocupan en
los cortejos penitenciales, esto es, tras la cruz de guía, desde su origen
como bandas de cornetas y tambores, hasta su configuración actual, se han
desarrollado al igual que cien años atrás lo hicieran las primeras bandas de
música, si bien, en las últimas décadas han ido adquiriendo matices
originales, por otra parte controvertidos.
En 1969, en la Hermandad de la Expiración se funda una banda de cornetas y
tambores que, bajo la dirección de Antonio Martín García, pronto incluirá en
su plantilla otros metales y paulatinamente maderas. Esta banda comenzará su
andadura con un repertorio basado en adaptaciones de marchas procesionales
propiamente dichas, caso de la famosa obra de Emilio Cebrián Ruiz "Ntro.
Padre Jesús", y de algunas piezas de carácter no religioso, como "El ocaso
de los Dioses" de Wagner, siendo inevitable la comparación con aquellas
formaciones de plantilla completa emergentes en la centuria decimonónica,
continuando de manera hereditaria, sus tendencias estéticas.
Este tipo de banda se va a caracterizar, entre otras cosas, por su elevado
número de componentes, lo que hará difícil para el músico escuchar el
conjunto sonoro al mismo tiempo que el esta interpretando, sobre todo por el
volumen de percusión que es típico en estos casos, por lo que Antonio Martín
en vez de distribuir las cuerdas instrumentales de la forma común a otras
agrupaciones, mezcla en cada fila varias voces con lo que soluciona el
problema referido y además consigue que la banda se escuche por igual desde
cualquier punto. Como dato curioso, diremos que esta formación, al no tener
presupuesto para confeccionar uniformes, optarán por ir ataviados con el
hábito penitencial de la cofradía, algo que aunque es práctica en muchas
otras poblaciones de la geografía española, se ha convertido en uso y
costumbre para estas bandas linarenses.
Durante la década de los 70 surgirán otras bandas de similar evolución como
la del Rescate, Nazareno, Santa Cena y la del Descendimiento dirigida por
José Antonio Orta Román y que por el contrario, se gestará sobre las formas
de las antiguas bandas militares de pífanos, componiendo su plantilla
instrumental, flautines, flautas y algún que otro bombardino, consiguiendo
una sonoridad de marcado carácter evocador, pero a finales de los 80 y
principios de los 90 se sumará a las tendencias comunes del resto de
formaciones de este tipo.
El repertorio de estas agrupaciones se fundamentará en adaptaciones de
obras procedentes de diversos géneros: adaptaciones de marchas fúnebres como
"Mater Mea" de Ricardo Dorado Janeiro o "Miserere" de Victoriano García
Alonso, o de obras de música sacra como "Lacrimosa", adaptación del
"lacrimosa" del "Réquiem" de Mozart o de carácter concertante como
"Recuerdo" adaptación de la romanza del concierto para guitarra y orquesta
de Salvador Bacarisse. Sin embargo, las partituras escritas ex profeso, para
estas formaciones son muy escasas y poco notables, reduciéndose a algunas
piezas que, si bien no pueden ser consideradas adaptaciones, están
evidentemente inspiradas en otras obras.
Esta manifestación musical, aunque no del todo exclusiva de Linares, ya que
hemos podido constatar este mismo fenómeno en la Semana Santa de León,
terminará caracterizándose por una importante riqueza instrumental, no solo
en sus cuerdas de viento sino también en las de percusión, llegando ha
componerse, obras específicamente para esta sección, teniendo particular
interés el repertorio dejado por Tomás Arboledas Ribera, quién, en su banda
del Nazareno, fue pionero en nuestra ciudad, rompiendo con los
tradicionales esquemas rítmicos e introduciendo estructuras de los baterías
de música ligera contrapunteando los diferentes instrumentos. Estas piezas,
son hoy día comunes a todas las cabeceras, alcanzando altas cotas de
dificultad técnica como en el caso de la compuesta en 2001 por el profesor
de percusión Tomás Arboledas, hijo del citado precursor.
En las últimas décadas, han sido bandas sonoras cinematográficas como "El
Último Mohicano", "Conan el Bárbaro" o "Memorias de África", canciones de
moda como "Who Wants To Live Forever" de Queen o "Noches de Blanco Satén" de
los Moody Blues, o canciones tradicionales como "No llores por mi Argentina"
del musical "Evita" que compusiera Andrew Lloyd Webber, las que han
engrosado sus repertorios, originando fuertes discrepancias y abriendo un
debate en el entorno de la música procesional sobre la conveniencia o no de
este tipo de tendencias. Este fenómeno viene provocado por la pertenencia de
muchos de los actuales directores de estas formaciones a la extinta orquesta
y coros de música ligera que formara Mariano Luna, los cuales, llevan las
adaptaciones de este tipo de música que se interpretaban en aquella orquesta
a sus bandas.
Audiciones para el capítulo 4.Y "Marcha de percusión". Tomás
Arboledas.Y "Lacrimosa"Y "Recuerdo". Adaptación Enrique Maestre Infantes.
Concluyendo, haremos mención al número de formaciones musicales de Semana
Santa que hay en nuestra ciudad, a saber: una banda de cornetas y tambores,
siete agrupaciones musicales, seis bandas de música, seis bandas de
cabecera, una de tambores del Santo Entierro y ocho tercios de trompeteros.
Esta numerosa nómina, amén de las que no tienen vinculación con la semana
santa, pese a valorarse generalmente de forma positiva, en realidad ha ido
en detrimento de la calidad interpretativa, notándose evidentes carencias en
muchas de ellas. En el aspecto compositivo, la música procesional en Linares
ha brillando notablemente en algunos momentos y subsistido airosamente en
otros, pero siempre, adecuándose a las corrientes imperantes de cada época
y muy lejos de aportar nada nuevo al panorama musical cofrade.
Audición.Y "Ntro. Padre Jesús del Prendimiento: Marcha (a)" . Tomás Villajos
Soler. Digitalización a piano MIDI.
Linares, 3 de Noviembre de 2005.
Fdo. José Ángel Palacios Fernández.
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